La Sibyla. Un rostro singular

Sibila Delfica-C Sixtina

El arte es muchas cosas. Hoy en día aún es más cosas; todo aquello que puedas imaginar es llamado arte. Pero hay un arte en mayúsculas, un arte que no sorprende un día para olvidarse después. Porque es un arte que nace de lo profundo del corazón del artista y viaja a lo profundo del corazón del espectador. Irá de ser en ser y no morirá, pues aunque la parte física de la obra se destruya, su recuerdo pervive en quienes lo han contemplado.
Esta obra es una de esas pinturas que “viajan” y “cuentan” y hacen vibrar algo indefinible en quien la observa. La humanidad vulnerable y frágil de ese rostro emociona. Miguel Ángel ha plasmado una emoción en ojos y labios que todos sentimos. No sabemos bien si es miedo o asombro, delicada preocupación, o hermosa espectación. Las aletas de la nariz y la contundencia del rostro aportan firmeza, claridad, tesón. La boca, dulzura y evanescencia. Los ojos… los ojos son el prodigio del rostro, el instante mágico en que esta mujer mira hacia el asombro con la prudencia de una diosa, pues está mirando nada menos que el futuro… Es un instante que refleja todo un mundo de pensamientos ocultos, silenciados. Un breve momento que sabemos que va a desaparecer, pero que queda inmortalizado en la mirada del observador.
Cuando un rostro así nos conmueve es porque podemos vernos en él. Podemos sentir nuestra mínima consistencia en esta creación. La sibila parece contemplar la venida de algo terrible sobre el planeta; pero si miras fijamente ese rostro, puedes encontrar una serenidad dispuesta a aceptar aquello que contempla. Tiene algo de angélico, de divino. Sus ojos parecen ir más allá de la realidad, como si estuvieran mirando más allá de lo físico.
Sólo un genio puede reflejar tantas emociones sutiles en un rostro. Así como la “Gioconda”, éste es un personaje que te atrapa por sus ojos y sus labios. Que te habla de un misterio encerrado en el silencio pictórico. Que te lleva a la contemplación; que te une a la grandeza del instante vivo.

De sobra está añadir la perfecta simplicidad de los colores azules enmarcando el rostro, y esa cinta que resalta magníficamente la frente, allá donde moran los pensamientos que dan lugar a tan hermosa expresión.
Como me encanta encontrar almas vivas en el arte, seres que desbordan su humanidad, añado estos otros rostros memorables por su exquisita expresividad, su honda o peculiar personalidad.

 

Rembrandt van Rijn
Rembrandt van Rijn

 

Pietro Annigoni
Pietro Annigoni
Leonardo da Vinci
Leonardo da Vinci

 

Ken Hamilton
Ken Hamilton

 

Ken Hamilton
Ken Hamilton

 

Jules Bastien Lepage
Jules Bastien Lepage

 

Johannes_Vermeer
Johannes Vermeer

 

Durero
Durero

 

Charles Allen Winter
Charles Allen Winter

 

Bill Gekas
Bill Gekas

 

William Bouguereau
William Bouguereau

 

Bottcelli
Bottcelli

 

Delacroix
Delacroix

 

El Greco
El Greco

 

Picasso
Picasso