Amarillos de Vang Gogh

Los colores cálidos de Vang Gogh, especialmente el amarillo, no son colores, son clamores. El trigo clama su alegría a todos los vientos; los objetos claman su presencia contundente y vigorosa de testigos silenciosos; las flores no se están quietas en sus floreros de tanto fuego que les arde; las estrellas del sombrío cielo duermen con sus ojos extasiados en su propia llama amarilla; los zapatos descansan de su intenso viaje por la vida y reflexionan sobre su cansancio, con la agotada piel reflejando oro.

Todas estas gradaciones del amarillo nos hablan de un pintor franco y emotivo que quisiera pintar todo el mundo de entusiasmo. Cuadro tras cuadro, nos ofrece un redoble de luces en los que el impulso vital de las cosas clama su canción apasionada entre trazo y trazo de pincel.

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